Octubre 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
LA RISA DE LA HIERBA © por Karina Mariposa Roldán
Octubre 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
MIRANDO LA DISTANCIA por Karina Mariposa Roldán

Llueve en su corazón derretido la tibia cortina de imágenes lejanas, el recuerdo de aquel viajero sin tiempo que estacionó su dolorido cuerpo abrazando el aislado cuello durante años ausente de besos.
Perfume de hombre
Fragancia de ensueños
Aroma indeleble
Bálsamo tardío
La mirada perdida encuadra las nubes trayendo de regreso horas y minutos. Ella evoca solamente y de memoria las veces que el amor rodaba por la orilla de sus cabellos negros, empapando de nostalgia una tierra sin dueño; cuando la espalda sedienta cobijaba lunares relucientes, estrellas desprendidas del techo que posaron la fugacidad de una caricia en los omóplatos distendidos; curva de cintura subrayada por unos dedos erizando la cumbre de sus senos valientes; el declive donde todavía no produce simientes y la piel sedosa acunando la huella milenaria del viajero sin tiempo. Tal vez su paso haya sido un cuento, una dulce historia narrada por el rumor de la brisa, el prólogo de un libro que jamás se editó.
Mujer Sola
Frente a la cautivante y única compañía del mar sin fronteras.
Karina Mariposa Roldán © 2010
UN PENSAMIENTO DE MADRUGADA por Juan Pomponio

La ENVIDIA es una enfermedad lacerante. Nunca puede ser sana. Uno podría llegar a creer que sí lo es, pero se confunde. ¡Siempre será envidia aunque quieran disfrazarla! Quienes la padecen, sufren, son infelices, están afectados y descentrados, mirando hacia afuera de su naturaleza. Les duele tanto que no pueden soportar el éxito de los demás. La sociedad se olvida de una regla dorada: EL OTRO SOY YO. Todos somos UNO. No estamos separados. Entonces en lugar de ADMIRAR a los demás, comenzamos a envidiar y de allí surgen toda clase de angustias espirituales que luego pueden trasladarse al plano físico y enfermar a la persona, por ejemplo la conocida “mala sangre”. Está comprobado el daño que provocan las emociones negativas y oscuras en nuestro organismo. A la inmensa mayoría les encanta ser "envidiados", eso les da poder y hace que se sienten personas importantes. Muchos ostentan con el propósito de hacer sufrir a los demás. Ambas personalidades padecen de otra enfermedad compuesta por tres letras llamada: Ego. Aquí surge el principal inconveniente en nuestra sociedad que está dirigida por una Egocracia.
Cuando comprendamos la falsedad de todas las ilusiones impuestas por la dictadura del ego, caerán todas las máscaras sociales y el mundo del ser humano comenzará a transitar por un camino de sabiduría hacia una realidad de mayor crecimiento interior como seres sociales. Podremos comprender la inutilidad de mantener la rigidez de posturas ajenas a nosotros mismos.
martes, 27 de julio de 2010
UN BREVE ENSAYO SOBRE LA SOLEDAD por Juan Pomponio

Gran parte de la humanidad está incapacitada para vivir en soledad, muchos dependen de otros porque resulta más fácil repetir viejos vocablos y aferrarse. Cuesta indagar por uno mismo, no queremos trabajar interiormente. La soledad abruma, aplasta y no sabemos cómo hacer para vivir.
Pero ¿qué es la soledad? La respuesta está en cada uno de ustedes. ¿Por qué no pueden permanecer solos? Hombres y mujeres huyen de la temible soledad. Ese miedo que provoca pronunciarla nos lleva a la desesperación y es en ese instante cuando tendríamos que aprender a mantener una verdadera amistad con la soledad, relacionarnos con ella. Hay una carencia espiritual muy grande en nuestro centro, poblado de añoranzas, instalado en el ayer. Nunca nos sentiremos abandonados si en nosotros existe lo otro, aquello que nos brinda el bienestar del alma.
Los bienes materiales no sirven más que para acumularlos y jamás podrán llenar el enorme vacío incubado por carencias. La sociedad entera se encuentra inmersa en un frenesí alocado de satisfacciones personales, donde prima el consumismo atroz y desmedido que nos lleva a la depredación. El hombre es un ser auto-depredador. La soledad asusta, es un fantasma vivo reflejado en el espejo cotidiano y por eso deseamos negar la imagen que nos devuelve en compañía de otros, andar como si fuésemos manadas, todos enfilados hacia un mismo lugar. Millones y millones de personas creen estar acompañadas aún cuando recorren los grandes centros comerciales. Nos vamos de vacaciones a idénticos lugares, apiñados, por no querer estar solos. En el fondo sentimos miedo.
Cuando comprendamos el verdadero valor de vernos a nosotros mismos tal cual somos, sin ataduras mentales, tampoco espirituales, allí se revelará la cuestión central de todo nuestro dolor. Al no contemplar la realidad de lo que nos afecta siempre estamos escapando de lo que nos pasa. Huir es más fácil a tener que enfrentarnos ante un hecho concreto. Muere un ser querido y no estamos preparados para convivir con su ausencia. La sociedad no nos enseña a desprendernos, nos educan para ser prácticos, eficaces y generar ganancias materiales. Por eso reina tanta tristeza a nuestro alrededor, no sabemos cómo vivir ni de qué manera afrontar la propia soledad. Escapamos constantemente, nos evadimos en distracciones por no querer estar solos, reconociendo las voces que albergan nuestra esencia.
Para la sociedad occidental la muerte es un espanto, sin embargo es una forma de aprendizaje reveladora que nos hace disfrutar al máximo de la vida. La persona que queda comienza a sufrir intensamente el martirio de su soledad, el dolor ocasionado por la pérdida destroza su capacidad de discernir, no puede asimilar, no entiende el desapego. En realidad no podemos estar apegados a nada ni a nadie, incluso yo mismo puedo dejar de escribir y morir ahora. Por eso no tendría que ser una sorpresa la muerte de nadie, nos sorprendemos porque no nos han preparado y la mayor soledad es la de quien se queda solo.
La soledad destruye o fortalece, es uno quien decide el camino a seguir. Yo elijo ahondar, fortalecerme y aprender a quedarme junto a ella, introducirme en su maravillosa experiencia y poder descubrir estas palabras que dejo aquí.
Juan Pomponio ©2010
B l u e s in t h e n i g h t - por Karina Mariposa Roldán

¿Y si la nada me hundiese con ella?Los pasos sincopados del blues abrazan mi destino y la nostalgia. Camino lentamente hacia la decisión final y en la pequeña valija de mano guardo recuerdos contenidos, falsos olvidos, facetas de un mundo verdadero que jamás di a conocer. Allí, entre la escasa ropa habita el poderoso miedo a perderte y la realidad que rebasa expectativas. Miro para atrás, se esfuma el pasado que despido y mis ojos retratan estampas en sepia para depositar el rostro de la incredulidad en el suelo donde voy a desplomarme, no sin antes evocar la que fui, tu pasaje por mi cuerpo y las voces que tapé.
Por el aire viciado vuela el impermeable gris que destapa la cruel apariencia de mis caderas abandonadas, la carne consumida y los huesos en relieve. Retrocedo un instante para evocar y muevo sutilmente las piernas en un suave vaivén que adormece los muslos. Al transitar los pasillos laterales de mi subconsciente descubro muchos adioses que siempre dijiste en tono amenazante pero a la luz yo los negaba. Resultaba más fácil girar, dar vueltas sobre mí misma y modificar la dialéctica acorde las vivencias.
Di patadas en vano, se agitaron las cuerdas silentes de un plexo que luchaba por imponer sus creencias. Recostada sobre mi hombro lloré lejanías aún sin vivirlas, sabiendo que si me arrastraba un poco más entre mi propia humillación obtendría recompensas a futuro. Pero nada sirvió. Ni mis lamentos golpeando contra el muro ni el alejamiento obligado. Sola y de pie, hundida y resquebrajada veo por medio del pensamiento alusivo las imágenes de aquella noche triste cuando pasean desoladas y yo me empecino rechazándolas. Caigo y me levanto reiteradamente, ¿es que no he aprendido todavía? Deberé voltear hacia otra diagonal para enfrentarme al espejo de lo que ahora soy, mientras las preguntas huelen rancio pues ya mi madre expresaba sus certezas enfrentándome y no quise escucharla. Prefería ahogar mi cabeza en el agua del descuido a tener que darle la razón. Nada me frenaba. Podía saltar de un lado a otro sin control, tropezar con desconocidos, huir desesperada hasta enloquecer por una noche de amor desaforado y una madrugada aborreciendo la necesidad de cubrir mi soledad. Abrir mis secretos femeninos no significaba develar el misterio yaciente en mi alma atrapada. Nadie tenía acceso directo al reflujo interno de un dolor caduco.
En el neceser tirado en este piso sin fronteras no hay más que huellas estampadas entre los pocos objetos que allí dentro metí. ¡Cuanto absurdo me rodea!…Cuán absurda me siento pataleando como niña ante la puerta de la habitación de mamá y ella sin abrir. No me escucha. No me siente necesitada. No me ciñe a su cintura.
Un vals suena de pronto y los ecos del blues descienden al cadalso. Con mi espalda alzada se empina un tridente sobrepasando la altura de mis brazos elevados hacia el cielo. Camino sinuosa, reptando mientras mi pelvis se retuerce en añoranzas y mi sombra acompaña el regusto de tus manos empotradas en ellas. El deseo mezcla los pensamientos. Del tormento ascienden las trompetas que destrozan la materia en mil cristales desprovistos de átomos y arrasan con mis defensas. Viento y metal. Una campana ilusoria vibra en la diagonal e intenta renacerme, sin embargo busco la vía de escape más próxima. No hay iglesias ni campanarios ni refugio bendito para mi hostilidad. Por un lado o por otro quiero huir, desvanecerme, tal vez emigrar en lugar de morir. La idiotez del amor me abunda. ¡Qué tonta he sido para amar! ¿Es que acaso existe una inteligencia para hacerlo? Confieso no haberla utilizado.
Desde las raíces de mis pies trepa una pasionaria con hojas partidas y frutos resecos. Le nacen espinas de ortiga clavándose en un duro escalamiento. Mi corazón se acelera y entre suspiros arrepentidos de nuevo encuentro el rostro fatigado de mi madre suplicándome coherencia, dignidad, amor propio. Procuro retroceder para entender el susurro, tímida e indefensa igual que lo fui en mi niñez. La voz se aquieta, también el silencio me abandona. Tomo aire y retrocedo una vez más con furia y remordimiento: -¡perdón mamá!- Grito ahogada con mis sienes carbonizadas y la frente volcándose hacia atrás. En el fondo de aquel abismo brota la respuesta de un más allá, entre la bruma de la vida y el poderoso fragor de mi muerte.
Una valija yace vacía junto al impermeable gris. Mi cuerpo nada entre las aguas uterinas que enroscan de nuevo la ausencia que yo dejo y la juventud donde entrego mi desolación jamás comprendida.
Karina Mariposa Roldán ©
Escrito para mi coreografía BLUES IN THE NIGHT. Interpretada por Camila Pérez
Espectáculo LLUVIAS TORRENCIALES Copyright © 2010
En la foto: Camila Pérez
jueves, 1 de julio de 2010
DANZA Y VIDA por Karina Mariposa Roldán
-¿Qué separa la vida de la muerte?
-Tan solo un instante…-